jueves, 4 de mayo de 2023

Entrevista al coronavirus


NEORRABIOSO: Buenas tardes, Coronavirus, ¿le tengo que tratar en masculino o en femenino? 
CORONAVIRUS: Me da igual. Yo soy simple mala gente, y la mala gente es otro género.

N: ¿Por qué dio usted el salto a los humanos tras tanto tiempo causando estragos entre los animales?   
CORONAVIRUS: Matar animales no me llenaba, ¿sabe? Tienen algo los animales de nobleza anterior que me confundía. Cuando los mataba mientras me miraban fijamente a los ojos, se me ponía mal cuerpo. No quiero que me vea usted como un imbécil, ojo, como alguien con principios, pero a los humanos los mato sin ningún escrúpulo de conciencia porque llegado el momento pueden ser la misma gentuza que yo.

N: ¿Cómo va su campaña en China?
CORONAVIRUS: Muy mal. Durante las primeras semanas me puse las botas, pero ya no tengo ninguna oportunidad. Los chinos son cívicos, disciplinados y, lo peor, piensan en los demás. A nadie he escuchado en China decir "bah, este virus no importa, solo mata a viejos" porque, al parecer, los chinos dan mucha importancia a la vida de los ancianos, ellos sabrán por qué. Los chinos no solo tratan de salvarse a sí mismos, sino que los muy estúpidos también tratan de salvar a personas que no conocen y que viven a miles de kilómetros, aggg. Perdone, pero me da mucho asco la gente solidaria y con vocación ciudadana. ¡Qué cruz los chinos!

N: ¿Y en España cómo van sus primeros pasos?
CORONAVIRUS: España es una maravilla. Desde el primer día me han recibido con los brazos abiertos. Aquí me voy a hinchar.

N: ¿Qué me está diciendo? ¿Sugiere que los españoles están colaborando con usted?  
CORONAVIRUS: En España no hay civismo, ni disciplina, ni obediencia, y no hay mayor enemigo de un español que otro español. Le contaré una cosa: el pasado domingo me hinché a contagiar madrileños en Vistalegre y en el 8M. Y cada vez que contagio a un facha, el rojo lo celebra, y cada vez que contagio a una feminista, es el facha quien se llena de gozo. Si contagio a un indepe, el españolista se alegra, y viceversa. A todos los sitios que voy me reciben con alfombra roja. ¡Da gusto encontrarse con estas condiciones de trabajo!

N: No se confíe: al final acabaremos con usted.
CORONAVIRUS: ¿De verdad? ¿Usted y cuántos más? Perdone, pero es imposible. Para derrotarme, los españoles tendrían que dejar de ser españoles. He leído los manuales que se editan contra mí y están muy equivocados.

N: ¿Cómo? ¿En qué nos estamos equivocando? ¿No tenemos que lavarnos las manos con jabón ocho veces al día? ¿No tenemos que evitar los espacios cerrados? ¿No es necesario limpiarse tras tocar los pomos de las puertas? 

CORONAVIRUS: A ver, a ver, todo eso son tonterías si no prohíbes lo esencial: el tono de voz. Los españoles hablan con un tono de voz que hace mis delicias. No saben hablar: gritan. Y cada vez que abren la boca, ¡zas!, contagio al canto.

N: ¿Qué tiene usted contra las personas que hablan en voz alta?
CORONAVIRUS: Mire, en algunos países no estoy consiguiendo buenos resultados porque hablan muy bajito y no escupen nada. En cambio los españoles, cuando hablan, duchan a todo el mundo, sobre todo con sus dos frases favoritas.

N: ¿Frases favoritas? ¿De qué frases me está hablando?
CORONAVIRUS: A ver, todavía no conozco a los españoles muy bien, pero las dos frases-lapo que más he escuchado entre ellos, aquellas que dicen mientras escupen y con las que consigo mayor número de contagios, son "¡Esto lo arreglo yo en cinco minutos!", y "¡Usted no sabe con quién está hablando!". A menudo las dicen mientras dan un puñetazo en la mesa.

N: Pero..., ¿cuándo tiene usted pensado marcharse de España?
CORONAVIRUS: Está loco quien piense que me voy a ir. Este es el lugar ideal para quedarse. Nunca había estado ante gente ni gobernantes tan colaborativos.

N: No, no meta a los gobernantes en esto.
CORONAVIRUS: No se haga el digno, por favor. Cuando el gobierno madrileño suspendió las clases, cualquiera sabía que al día siguiente los niños iban a estar en los parques infantiles con sus abuelos: ¡la de contagios que he conseguido entre población de riesgo! Y si tú das días libres a personas tan poco responsables como los madrileños, cualquiera sabe que van a coger el coche y van a salir de vacaciones a la costa. ¡A estas horas estoy infectando medio litoral y medio Mediterráneo, los madrileños son mis colaboradores predilectos!

N: Diríase que considera malas personas a esos madrileños.
CORONAVIRUS: ¿Cómo llamaría usted a unas personas que, perteneciendo a la capital de España y con la obligación de dar ejemplo al resto, convierten el parón laboral forzado por mis contagios en unas vacaciones y, con todo el país en alarma, se lanzan con el coche fuera de Madrid llevando la infección a todas partes, con tan poco tacto que han creado retenciones kilométricas en las autopistas con salida hacia Galicia, el Mediterráneo y Andalucía? Yo, que me considero un hijodeputa, le puedo decir que esos madrileños son de los míos y entre ellos me siento como en casa.

N: Es que aquí en Madrid, con los recortes que se hicieron en Sanidad, no hay camas suficientes y los hospitales no dan abasto para hacerle frente a usted.
CORONAVIRUS: No se preocupen por construir más hospitales: lo que yo les sugiero es que vayan construyendo más cementerios.

N: Me da mucha vergüenza su manera de hablar.
CORONAVIRUS: Tranquilo, no se enoje. Piense que dentro de unos siglos, cuando todo esto haya pasado, mi nombre estará ligado al de los españoles. Fútbol y coronavirus serán las dos palabras por las que serán conocidos ustedes, los dos elementos que, aunque extendidos por todo el mundo, en ustedes adquirieron rango de obra maestra. Dé usted por sentado que en España pondrán muchas calles a mi nombre.

N: ¿Piensan usted que le van a poner nombres de calles por causar muertes y sembrar la desolación?   
CORONAVIRUS: Si ustedes han puesto tantas a Colón, Cortés y Pizarro, qué menos que ponérmelas a mí, si bien no creo que yo consiga matar a tantos. ¿O es que ahora en España causar masacres no te convierte en héroe?

N: Es usted impresentable.
CORONAVIRUS: No se sulfure, por favor. Tampoco tengo la culpa yo de que ustedes no tengan ninguna consideración con los mayores.

N: ¿Qué quiere decir? ¡En España amamos a nuestros abuelos!
CORONAVIRUS: ¿De verdad? Venga conmigo a Asia y África: allí sí que he visto respeto y hasta veneración por los ancianos. En España, en cambio, un viejo es una silla antigua que ya nadie sabe dónde colocar. Hasta noto cierto brillo en los ojos de los hijos, porque desde mi llegada adivinan que se va a adelantar la hora de las herencias. Y el gobierno no lo dice, pero está pidiéndome a gritos que me lleve 300.000 viejos por delante para sanear las pensiones. Perdone que les llame viejos, ojo, pero esa es la palabra que veo que utilizan aquí.

N: Estoy a punto de vomitar. 
CORONAVIRUS: ¿Vomitar? Bah, es usted un blando. Por cierto, ¿dónde vive usted? ¿No decía que vivía en Carabanchel? 

N: ¡No! ¡Le ruego que no venga aquí! ¡Le advierto que como haga algo a uno de los tres gatos que vive conmigo!...
CORONAVIRUS: Tranquilo, hombre, tranquilo. Los animales ya no me interesan: me parecen infinitamente más profundos, más inteligentes y más bondadosos que los humanos. Y usted no está entre la población de riesgo. Mírelo por el lado bueno. Quizá yo sea una gran oportunidad para que ustedes los españoles reflexionen, eso que hacen tan poco, y lleguen a algún acuerdo en algo. Mientras tanto, les recomiendo que hablen un poco más bajo. Lo mejor que podrían hacer ustedes, conmigo o sin mí, es hablar un poco más bajo.